máquina inútil del autodespojo / by Victor Albarracin Llanos

A las 10 y media tiré el pedazo de carne en la sartén untada de grasa vieja. Lo tiré con rabia y sin sal ni pimienta. Lo dejé quemarse y lo volví a tirar sobre un plato sucio. Comí con rabia y sin acompañamientos, sin papa y sin ensalada, sin jugo ni postre, embutiéndome esa parte que ya no es más que cadáver chamuscado. Pude haberle puesto una hojita de algo, una cebolla en julianas, una mentira más que no me deje ver el fondo, pero hay que ver el fondo a veces; a veces hay que darse en el cráneo contra el muro de la verdad. Me pasé el día entero frente a la pantalla del computador, revisando la redacción y la ortografía de un inventario de maquinarias sin interés. Me obligué a no distraerme, con rabia, con asco y con convicción: si esta es la vida, dale, dale con toda, hijueputa, que así sea:  cadáver sin sustancia, jornal sin cognición. Basta ya de creerte las falsas mejoras, los buenos tiempos por venir, la ilusión de cambio. Vives así, sobrevive así, detesta así. Llénate y cánsate, desvélate y acábate. Desagradece y cumple. Ha venido siendo y será. Sin moraleja y sin lección, sin sonrisa y sin espíritu. Máquina inútil del autodespojo, convéncete y no pares.