iluminarse / by Victor Albarracin Llanos

Toda iluminación real surge de las tinieblas y no de tu coach.

Lo saben los cazadores de rayos en Japón cuando, en medio de la tormenta,

corren por el campo, azotados por lluvia y viento

para atraer la fuerza devastadora de la energía atmosférica.

Abrir los ojos y la boca para que la electricidad salga sin obstáculo: beso y adiós.

No contener el rayo, no querer hacerlo propio; luz que te pega y te deja a oscuras.

Se recibe la iluminación disponiéndose a morir y buscando quedar vivo.

La iluminación es la ceguera lechosa que deja el rayo que te quema los ojos,

que deja esas marcas en la piel en forma de centella, de raicilla, de neuronas y micelio.

Formas todas del penetrar lo oscuro. Todas cargadas de consecuencias.

Iluminarse: ser consecuente con las consecuencias de un afán de ver.

Iluminarse es ya no ver los decorados del mundo,

es ya no percibir más luz que la que te cegó para la vida funcional.

En el desvanecimiento de lo inmediato,

en la confianza en una mano sin carne que te lleva y te sostiene,

sin promesa y sin palabra; sin dejarte caer.

Iluminarse es saber que solo caerás ante tu muerte

para disolverte en la nada tras haber brillado un instante.

Vivo en la luz del trópico, bajo cielos azules de nubes suaves, de atardeceres dorados y de brisas silbadoras. Los rayos caen lejos, cuando hay tormenta y puedo verlos, de vez en cuando, tibio y seco tras los ventanales. Las pupilas de los iluminados se blanquean, quemadas para siempre porque deben no ver esto para ver lo otro. No sé por qué estoy escribiendo esto, no lo había pensado, aunque sospecho haber escrito antes cosas parecidas. Solo me senté y salió, casi sin que me importe; curioso, eso sí, de pensar en dónde se acurrucaba ese pensamiento que no vi llegar, que emergió sin descarga, sin chispazo, más bien como una botella plástica de gatorade arrastrada por la marea a mi playa mental, adonde llegan todo el tiempo basuras inorgánicas que se me acumulan por ahí, sin pudrirse. No sé de dónde salió esa idea de los cazadores de rayos en Japón, no creo haberla leído, ni la vi en ninguna peli, ¿o sí? Creo que estoy escribiendo esto como respuesta inconsciente a la película flojísima de Guillermo del Toro que vi ayer, tan floja que ni Rooney Mara pudo salvarla. En fin, era una peli sobre un falso vidente, tan falso como todos nosotros, quemándonos las pupilas de a pocos en las pantallas de nuestras vidas vueltas snapshots y pensamientos inanes con los que alimentamos a los dioses de nuestra existencia social telediseminada.