de mi padre / by Victor Albarracin Llanos

De mi padre heredé la cara

que se aleja a veces, pero que siempre vuelve.

Una cara de formas alargadas, expandida en la gran cabeza.

Entonces me miro al espejo

y lo veo, más que verme, casi que todos los días.

Como si viviera ahí, al otro lado de un reflejo

en el que siempre me he reflejado.

Los familiares más viejos, que me conocieron de niño,

hasta la última vez, me llamaban “Jorge chiquito”.

Y claro que me quedo chico cuando miro su vida esforzada

y veo en su cansancio sin tregua el tiempo que pude ocupar

leyendo poemitas y novelas

que me acabaron volviendo esto

para bien y para mal.

Hoy, frente al espejo, voy a comerme un pastel

mientras me miro a la cara, esa cara que es la suya.

Tal vez sople una velita, mientras canta Louis Armstrong

Porque siempre le gustó la del mundo maravilloso.