Cuando todo es turbio solo trae luz el disturbio, cuando la vida está muerta solo queda la reyerta, no se funda la república si no se rompe un florero y no está de más si se incendian un banco o un par de cajeros. La constitución no fue cosa de hablar con buenas maneras, se logró con el poder de las luchas guerrilleras: en medio de tomas, barricadas y balaceras con las que unos forajidos, a quienes llaman bandidos los gremios y el seudogobierno, quisieron tumbar el designio funesto de presidentes eternos. Se nos ha olvidado que el miedo no es solo para que nos hagan sentirlo sino que juntos mis panas podemos reconducirlo sin ninguna cortesía, con rabia y con alegría, al ano de la burguesía. Esta vida funcionaria necesitaría otra cosa, una razón más sincera, una ficción menos sosa. No saquees al vecino cuando está el Grupo Casino, por qué seguirle comiendo a este gobierno de paras, por qué comprar en el Ara, en el Jumbo y en la Olímpica, si son quienes van apoyando la derecha que multiplica a Bolsonaros y Piñeras, a Duques, Macris y Áñez, no nos atontemos, parces, que no es pelea de un día, que no se para una tarde para que otra melodía reemplace el sonsonete triste de tu vida en la oficina que subsidia noche y día a esa estructura mafiosa que siempre nos asesina. Hay que sostener el paro, hay que dejar los reparos, barricada, huelga y trinchera traen luz más duradera, van dándole fuerza al débil, le ponen fin a la espera. Yo sé que somos cobardes, que el televisor nos consuela, pero es desconsuelo puro, puro ruido que alela y con piedra y grito vivo habría que echarles muela. Hay que hacer que les duela, tenemos que darnos la pela, ya no tenemos más chance de que nuestra rabia demuela. Si nos callamos nos callan, si nos dejamos nos dejan, nos matan si se nos mueren las ganas de dar pelea. No me pises que voy en chanclas, no me pises que voy en chanclas.