Me van a salir raíces, de la garganta y del culo, por mucho callar, por poco moverme. Se van fundiendo la nalga y la silla, como una orquídea en un tronco. Habla contigo mismo, me digo ayer y hoy y mañana, disfrútate todo tú: tu conversación chispeante, tu encanto discreto y no tanto, que si el mundo se lo pierde, será un problema del mundo. Pero los gatos me miran raro, aunque a veces me contestan, sobre todo si les canto la marsellesa cambiada. A uno de los dos, sin embargo, le gusta más cuando entono "yo nací en una ribera del Arauca vibrador", aunque en la letra dice otras cosas, siempre cosas distintas, algunas veces obscenas y otras veces agridulces. Hoy vi en las noticias que se casó Michel Houellebecq, eso me hace pensar que hay esperanza, si es que casarse lo fuera, y hasta se veía tiernito, vestido como el Pingüino. O tal vez yo, más que él, soy coherente. Y esa es una enfermedad que a veces mata y, si no, duele.