En estos días sin tu abrazo,
he tendido a medias la cama,
porque la mitad que es tuya
nunca se ha destendido.
La gata ha custodiado
el orden del cubrelecho,
mi mitad es lo rizado
y la que ella guarda, bien liso.
Mi mitad, arrugadita,
es mi corazón a medias
que se extraña de tu ausencia
mientras la gata me cuida.
Que no se enfríe tu almohada,
y que la encuentres tendidita,
mi misión, bien arrugada;
la de la gata, lisita.