la vida sexual de las piedras / by Victor Albarracin Llanos

Si la perla es arena suavizada en la baba que libera una concha, no podemos seguir sin preguntarnos por la vida sexual de las piedras. Aunque he pensado en eso cada cierto tiempo, la pregunta por cómo las piedras follan se me ha ido haciendo más frecuente. Cada vez que veo las imágenes que me aparecen al ir bajando en la pila de publicaciones de los grupos de geología, piedras y cristales en los que terminé metido aquí, por jipi, no consigo esquivar la pregunta por el cómo la fluorita consiguió sus colores o por cómo se estructuraron las formas cúbicas de una pirita. No puedo pensar en los ópalos y en los jaspes, cuando no en el basalto producido tras las cada vez más frecuentes eyaculaciones volcánicas, no puedo no pensar, digo, en las pasiones de la Tierra escritas en piedra. La vida sexual de los minerales está hecha de apretones que duran millones de años, de fricción tectónica, de largas relaciones explosivas cultivadas en lo oscuro y en lo caliente, de bluyineos sucios de eones y de venidas solidificadas por el tiempo y por la presión. En las gemas veo el gemido, en las rocas veo erecciones inextinguibles, en el centro de algunas piedras partidas veo que quedan las huellas de cuerpos animales y vegetales, medio tumba y medio útero, testimonio de una gestación interespecies, amor sin límites y lleno de tiempo. Sólido, perdurable, apasionado y preñado de fantasmas, porque, qué otra cosa es un fósil sino la huella de una vida que trascendió su existencia material. Toda piedra es fornicio y orgasmo, aliento y espectro, disposición y pequeña muerte indisoluble en el tiempo.

Que a nadie se le ocurra decir pasividad al ver una piedra, porque toda piedra es la manifestación de una pasión, la vibración de un espíritu sostenido en la quietud aparente de una respiración infinita y conjunta, en el jadeo de varios. La vida sexual de las piedras es intensidad sostenida, es violencia y cariño de dije traslúcido, relicario de placer, de muerte y de acecho.

La vida sexual de las piedras nos da una luz de esperanza en la soledad de nuestros días cortos, de nuestras vidas etéreas, de nuestras carnes blandas que, más pronto que tarde, reposarán entre capas de tierra y de sedimentos inorgánicos. Polvo seremos para hacernos perla en la labor de la almeja o marca de huesos en la roca fracturada.